Coluna
(Edição nº 19)
"El pensamiento domesticado: Gilles Deleuze y la
antropología", por L. Nicolás Guigou (*)
“Yo es otro siempre me ha parecido una patraña.
Una patraña brillante, de acuerdo.”
Colette Audry, Rien au-delà
I. Unos devenires nativos.
Resulta por demás interesante el acercamiento del
pensamiento deleuziano a algunas intentonas antropológicas. Por cierto
que este matrimonio debería de haberse realizado hace algún tiempo
atrás. Sin embargo, los prejuicios que van desde modalidades de
escritura a estrategias de pensamiento, colaboraron a que el pensamiento
de Gilles Deleuze fuera “minoritario” en la reflexión antropológica.
Y he aquí Deleuze. Un Deleuze tamizado por la
tranquilidad de pensamiento, del pensamiento de estado, del
logo-pensamiento disciplinario. Toda una paradoja: un Deleuze
arborescente.
Tal
Deleuze nos es ofrecido en um artículo intitulado “Os tambores dos
mortos e os vivos. Etnografia, antropologia e política em Ilhéus, Bahia”
de Marcio Goldman (Goldman, 2003).
Aquí EL ANTROPOLOGO – y prefiero utilizar mayúsculas de
manera de acentuar, grabar el juego del nombre proprio- inventa un
devenir particular: el devenir nativo (¿pero se podrá hablar de
invención en el momento que toda una tradición disciplinaria se moviliza
bajo la efectología de los dicursos autorizados?).
La invención logocéntrica del devenir nativo , parece
ser uma nueva tentativa de producir una teorización novedosa sobre la
etnografía ( esto quiere decir, preservar la tradición antropológica, a
la vez que darle um poco de condimento por medio de un pensador
renombrado y a la vez marginal como Deleuze).
Resulta que para cierta mirada antropológica el devenir es recuperado y
contextualizado en tanto “...o movimento através do qual um sujeito sai
de sua própria condição
por meio
de uma relação de afetos que
consegue estabelecer com uma condição outra.” (Goldman, 2003: 464)
El problema aquí no es la fidelidad hacia el pensamiento
de Deleuze (todo un horror), ni tampoco la cita acertada. Es el camino
cerrado de las “ideas justas” en vez de “justo ideas”.
Pero los devenires son justamente otra cosa: no se trata
ni de sujetos, ni se trata de condiciones, ni menos de “salirse” de los
sujetos y las condiciones para reencontrarse en otra condición. Es
importante destacar que este Deleuze arborescente tiene muchas ventajas
para EL ANTROPOLOGO:
1) preservo la figura del nativo así sea mediante la
mutación de “devenir-nativo”, con lo que colaboro a la producción de una
centralidad (“nativo”) y la relación con otra centralidad
(“antropólogo”).
2) sigo produciendo “el/los otros”, cuando justamente de
lo que se trata es (deleuzianamente) de salirse de esa rostrocidad.
3) puedo ser antisustancialista, al mismo tiempo que
sigo escribiendo sobre yo/los otros en tanto centralidades que se
relacionan por “algo” que los afecta ( a ellos, a mí).
Sin embargo, un bloque de devenir ( o una evolución
a-paralela) se revela contra una suerte de “teoría etnográfica”. En todo
caso, la posibilidad de uma teoría etnográfica debería admitir varios
devenires que van por el medio.
Más que una teoría etnográfica tal vez sería más
interesante movilizar una antropología del “entre”.
Una antropología del "entre" es
un ejercicio antimimético por lo menos de tres maneras:
a) no me identifico conmigo mismo. No me vuelvo un "intelectual
orgánico" de mí mismo ("Verdaderamente la escritura no tiene su
finalidad en sí misma, pero precisamente porque la vida no es algo
personal." [Deleuze, 1980: 59])
b)
no me identifico miméticamente con los sujetos que investigo ni tampoco
con los otros, enmarcados y producidos en tanto que otros:
"El mimetismo es un mal concepto, producto de una lógica binaria, para
explicar fenómenos que tienen otra naturaleza. Ni el cocodrilo reproduce
el tronco de un árbol, ni el camaleón reproduce los colores del entorno.
La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su
color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo para devenir
imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia línea de
fuga, llevar hasta el final su 'evolución aparalela'." (Deleuze;
Guattari, 1988:16)
c)
una antropología del "entre" es una antropología del movimiento. Varias
intensidades donde la velocidad no es necesariamente equiparable a la
velocidad de la escritura (la etno-ficción del "Informe de Brodie" de
Borges puede ser un ejemplo).
Y
el "entre" más que conformarse en un "entre" inter-subjetivo, o bien un
punto equidistante entre dos centros (investigador/ investigado), o en
"espíritu humano" en pleno movimiento (metáfora del inconsciente), o en
algo que “afecta” a las centralidades en juego, evoca sin representar.
Un espacio que parece vacío porque apenas hemos comenzado a experimentar
sobre las modalidades de la evocación.
Se
han dicho muchas cosas del "entre". Peculiar vacío que significa:
"No estamos ya ni siquiera autorizados a decir que "entre" sea un
elemento puramente sintáctico. Además de su función sintáctica, mediante
la remarcación de su vacío semántico se pone a significar. Su vacío
semántico significa, pero el espaciamiento y la articulación; tiene por
sentido la posibilidad de la sintaxis y ordena el juego del sentido. Ni
puramente sintáctico, ni puramente semántico, señala la abertura
articulada de esa oposición." (Derrida, 1975:335)
Un
vacío, no ontologizado, sin centro o centralidades, sin identidades con
nombre propio. Nada de centros, ni mediaciones, ni intermediaciones:
"Encontramos personas (y a veces
sin conocerlas ni haberlas visto jamás), pero también
movimientos,ideas,acontecimientos,entidades.
Y aunque todas estas cosas tengan nombres propios, el nombre propio no
designa ni a una persona ni a un sujeto. Designa un efecto, un zig-zag,
algo que pasa o que sucede entre dos como bajo una diferencia de
potencia: "efecto Compton", "efecto Kelvin". Es lo mismo que decíamos
para los devenires: no es que un término devenga el otro, sino que cada
uno encuentra al otro, un único devenir que no es común para los dos,
puesto que nada tienen que ver el uno con el otro, sino que está entre
los dos, que tiene su propia dirección, un bloque de devenir, una
evolución a-paralela. Eso es precisamente la doble captura, la abeja. Y
la orquídea: nada que esté ni en una ni en otra, aunque pueda llegar a
intercambiarse, a mezclarse, sino algo que está entre las dos, fuera de
las dos, y que corre en otra dirección." (Deleuze; Parnet, 1980: 11)
II.
Los sueños del antropólogo.
EL
ANTROPOLOGO tiene como objetivo último ...”refletir sobre a
possibilidade de manter o ponto de vista antropológico tradicional,
quando o objeto observado faz parte do coração
da sociedade do observador.”(Goldman, 2003: 443)
Para ello
ingresa en el entramado del ver/decir a través de tres interrogantes más
o menos clásica y que Bourdieu ya respondió hace unos años.
Ontologoziación del entre, sustancialización de los devenires, la
circularidad mítica de las interrogantes, su encapsulamiento en las
preguntas que solamente me puedo plantear (parte de una práctica
simbólica que resulta de la propia violencia simbólica) ya conforman o
poseen sus inevitables respuestas. En este ritmo, el ver panoptizado que
atraviesa inclusive al ANTROPOLOGO le hará preguntarse en tanto
observador, en esa continuidad redonda de preguntas-respuestas acerca de
la distancia de la mirada (en relación a la democracia representativa) y
también acerca de la diferencia del observar bifurcando el ojo
antropológico (dado que tengo dos ojos, uno puede abarcar grupos
políticos siendo creyente y otro, grupos de creyentes siendo
escéptico). Pero tal vez sea mejor pensar que EL ANTROPOLOGO sea un
monstruo bifronte, más allá de cualquier clasificación. Entonces el hilo
de Ariadna sería toda esta trama –esas estrategias de verosimilitud
textual- en la cual (mi) trabajo de campo, lo ominoso (escucho los
tambores de los muertos en la noche), el sueño (sueño con un petista que
me habla), disminuye al minotauro deleuziano a la condición de perrito
faldero. Por cierto que EL ANTROPOLOGO no es el minotauro, ni un
monstruo bifronte. Es Teseo o la razón cansada. Los laberintos se
suceden, y Teseo continúa labrando más laberintos. Sin confiar en
enfrentar al Minotauro y darle muerte (el delirio de la racionalidad
completa), sin confiar en encontrar la luz, su reposo está apenas en
algún tenue reflejo de su rostro.
Y
mientras, el devenir-nativo se disuelve en la sonrisa nietzscheana.
© L.
Nicolás Guigou, 2004/avisual@adinet.com.uy/www.antropologiasocial.org.uy
Deleuze, Gilles Logique du Sens.
Paris, Minuit, 1969.
Deleuze,
Gilles; Guattari, Félix Mil Mesetas.
Valencia, Pre-textos, 1988.
Deleuze, Gilles; Parnet, Claire Diálogos.
Pre-textos, Valencia. 1980
Derrida, Jacques “La doble sesión.”In: La
diseminación. Madrid, Fundamentos, 1975.
Goldman, Marcio “Os
tambores dos mortos e os tambores dos vivos. Etnografia, antropologia e
política em Ilhéus, Bahia.” Revista de Antropologia, São Paulo, USP,
v.46, nro 2, 2003.
Guigou, L. Nicolás; Tani, Ruben
Publicaciones Universitarias, Montevideo, 2001.
Publicado también en formato de artículo:
“Por una antropología del entre”.
- Revista Comuniquiatra,
Universidad de Sevilla, nro..1, mayo, Sevilla, 2001, on line
http://comuniquiatra.dk3.com/ ISSN
1577-8398
-Revista CAOS, Universidade Federal de
Paraíba, nro. 3., diciembre, João Pessoa, 2001, on line URL
http://chip.cchla.ufpb.br/caos/index03.html
-Revista electrónica Diverso, nro.3.,
octubre, Montevideo, 2001, on line URL
http:///www.educar.org/revistas/diverso/
ISSN 1510-3862.
(*)
L. Nicolás Guigou
é Prof. Adj. da Universidad de la República,
Montevideo, Uruguay.
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